domingo, 25 de octubre de 2009


ESTABA DORMIDO.

Testimonio

Hace ya algunos años, tuve la dicha de conocer personalmente a Jesús durante un fin de semana. Me lo presentaron en uno de estos encierros que se les conoce como: “retiro espiritual”, “encuentro”, entre otros. Esos tres días fueron una experiencia inolvidable que sin duda marcó mi vida para siempre, y al salir de ella me di cuenta de la importancia de darle un seguimiento a lo que ahí había experimentado, fue así que decidí integrarme después a una comunidad.
Desde que lo hice, empecé a descubrir y a valorar cosas que antes no había notado y que tampoco había entendido. Tener un encuentro con Cristo, a veces trae como resultado ver la vida de otro modo, y yo no sòlo vi con una nueva visión sino también con una perspectiva más amplia. Por eso, cuando decidí pertenecer a un grupo de personas reunidas por una razón -en este caso la comunidad-, también descubrí que estar en ella no sólo trae a mi vida resultados convenientes, sino también inconvenientes. Como todo en la vida ¿no? Estas pequeñas diferencias que a veces surgen se llaman: conflictos. Los conflictos a veces hacen más difícil la convivencia y la permanencia en una comunidad, pues aunque en ella se traten algunos asuntos “divinos”, están presididos y ejecutados en gran parte por nosotros, los seres imperfectos.

Como Jesús motivó un cambio en mi vida, yo quería hablar a otros de lo que Jesús también era capaz de hacer en la vida de los que no lo conocían, pero antes yo necesitaba conocerlo bien si pretendía hablar de él a alguien más. La mejor manera de conocer a Jesús siempre será por medio del evangelio y su pràctica, fue asì que cuando yo formé parte de esta comunidad, Jesús con su palabra forjó en mí un criterio y con el cual fui capaz de opinar.
Pero el derecho de opinar se debe respaldar siempre en su palabra –evangelio-, y con mi trabajo. Sin embargo, llegamos a creer que lo que nosotros pensamos es lo correcto, y no siempre es así.
En una comunidad nadie somos infalibles pero nos guste o no, eso también nos enriquece. Y a veces, opinar dentro de una comunidad será para mí una ventaja, que para los demás representará una desventaja, pero esto es normal. Aunque siendo sincero, lo ideal en las “contiendas” que se libran dentro de las comunidades, el juez debe ser la Palabra de Jesús…porque así la victoria o la derrota son justas.

Una vez inmerso en esta vida nueva que el Señor mediante su encuentro me ofreció, tuve que enfrentarme a un obstáculo común, para quienes ya lo hemos conocido: ser considerado capaz de evangelizar, es decir, ser considerado con derecho para hablar de Jesús a otros. Así es, una aparente desventaja para algunos de quienes nos hemos decidido a seguir a Jesús y hablar de él es tener un criterio. Pero no es el criterio en sí lo peligroso para quienes nos impiden hablar de Cristo, sino en lo que está basado: en su palabra.

En todas partes existen estudiosos que consideran el anuncio de Jesús como una maestría que sólo ellos en base a sacrificios, por medio de privaciones, y a lo largo de años académicos, pueden adquirir. En pocas palabras: militarizan y burocratizan el aprendizaje y la enseñanza de la Buena Nueva. Por lo tanto, sòlo ellos se consideran capaces de “ejercerla” o de “impartirla”, al haber cumplido con los suplicios necesarios –establecidos por ellos mismos- para legitimarse. Por eso es que muchos suponen que nadie fuera de ellos, entiende nada, como si tuvieran “enjaulado” al Espìritu Santo.

Es por esto que en ocasiones, además del celo y la desaprobación para todo aquel que se atreva a interferir con “su misión”, monopolizan la evangelización cual niño envidioso que no quiere prestar su juguete. Por eso, mi compromiso como cristiano y como converso dentro de la Iglesia, no sòlo es congregarme semanalmente a escuchar a aquellos quienes se consideran y facultan como elegidos y habilitados para evangelizar, pues Jesús llama a todo aquel que sea su discípulo, a anunciarlo (Mateo 16,15.).

Entonces, si me considero su discípulo, mi tarea no se reduce solamente a cumplir con mi deber, a desempeñar bien mis labores, y a ofrecer oraciones y sacrificios por aquellos que sí llevan a cabo la misión que Cristo encomienda. Mi fe tampoco se debe limitar a ser un oyente que ora, que asiente, que canta, brinca y que patrocina, a los autorizados para evangelizar. Porque aunque nuestro testimonio como fieles sea fundamental en nuestras vidas, no es el término de nuestra misión sino el buen comienzo de ella.

Jesús pide que lo sigamos, porque sabe que somos capaces de hacerlo. Si yo cumplo con lo que me pide Jesús, le demuestro mi amor a Jesús (Juan 14,21.), entonces, si amo a Jesús y cumplo con su palabra, soy su discípulo. Y si yo soy su discípulo, a mí también me corresponde la tarea de anunciar su Palabra. Por lo tanto, la misión evangelizadora es una tarea para todos los cristianos que nos consideremos discípulos de Jesús.

Ahora que entiendo y acepto ser un discípulo más de Jesús, no debo manifestar mi fe sólo mediante expresiones folclóricas de obediencia o de devoción, pues ellas no siempre representan cuan firme o convencida se encuentra. Por eso, cuando yo no conocía a Jesús, esta manera de “practicar mi fe” como un espectador, me parecía muy cómoda y conveniente ¡qué fácil era cumplir con mi fe y pertenecer a mi Iglesia cuando requería de tan poco! Y así fue, pero hasta que me di cuenta de la urgencia de anunciar a otros, a aquel que a mí me ayudó a cambiar de vida.

Desgraciadamente, hoy a algunos les conviene que sigamos siendo simples espectadores, a que nos convirtamos en actores. Y en cierta manera, necesitan que sigamos “practicando nuestra fe” sentados y sin opinar, porque así ellos pueden hacer lo que les parezca mejor y sin que nadie se atreva a cuestionarlos o contrariarlos.
Ellos han tejido un sistema hecho especialmente para que sus normas paternalistas, nos pongan obstáculos para no evangelizar y nos desacrediten si estamos en desacuerdo. Sus reglas y sus rangos, nos consideran solamente como feligresía, incompetentes para enseñar a los demás lo que el Señor nos enseñó, pero que a ellos les costó tanto “entender”.

Los estudiosos, con sus actitudes nos dicen a los demás fieles: “Yo lo sé, y no importa que no lo entiendas -pues a veces ni yo mismo lo entiendo-, tú solo limítate a obedecerme y coopera como yo te diga, con eso ya estás cumpliendo con tu parte. Todos somos Iglesia, recuérdalo, no queremos más pastores para trabajar, sino más ovejas para “conducir” –o trasquilar- .

Lo que en ocasiones hacen algunos estudiosos con sus demás fieles, es como cuando sale el sol y los que están despiertos dentro de la casa, cubren las ventanas para que la luz no nos despierte y no podamos ver el desorden que hay en la casa, mientras dormíamos. Afortunadamente ya amaneció, y esta luz que resplandece –Jesucristo- ha abierto nuestros ojos, pero no sólo para ver las necesidades que hay dentro de nuestro hogar, sino también para reconocer nuestra responsabilidad de ayudar a su limpieza y mantenimiento. Porque todos vivimos en la misma casa y lo que hagamos en ella a todos nos afecta.

¿Por qué querrán tener ellos, el total control de la misión que Jesús nos encomendó a todos sus discípulos? No lo sé, pero en ocasiones me parece que detrás de ello hay un genuino interés “paternal”, y otras me parece que lo hacen por el poder y los privilegios que obtienen de monopolizarla.
Lo importante es saber que como cristianos, debemos defender también nuestra capacidad de misionar en el nombre de Cristo. Y como fieles, ya no debemos excluirnos de esta tarea ni tampoco permitir que nos releguen de ella, porque aunque sea más cómodo seguir dormido que permanecer despierto, siempre que estoy dormido renuncio a estar despierto.

Gracias Señor, porque estaba dormido y tu luz abrió mis ojos.

lunes, 12 de octubre de 2009

Acerca de este blog...

El veneno mata, sin embargo puede ser transformado en un antídoto capaz de neutralizar su efecto mortal. Jesucristo es capaz de hacer de nosotros un antídoto si nos decidimos a seguirlo. Aquí se publicarán opiniones y reflexiones acerca de las enseñanzas de Jesús con aplicaciones prácticas y sencillas para la vida diaria. La verdadera misión de Jesucristo es que seamos felices, así que esa será la tónica de este blog: que descubramos juntos la manera de lograrlo.