viernes, 30 de julio de 2010

LA OTRA HERENCIA

Lee Lucas 12, 13-21.


Un amigo mío está obsesionado con ganarse la lotería -como muchos- porque cree -como muchos- que la exorbitante cantidad de dinero que podría ganar, le resolvería sin duda todos sus problemas. A tal grado llega su obsesión que ha hecho de todo para obtenerla: se gasta gran parte de su sueldo aún cuando gana poco, para comprar la mayor cantidad de boletos posibles y aumentar sus oportunidades; pide además dinero prestado, en fin, se mete en cada problema.

Pero de todas sus “estrategias” para ganar la lotería, ésta última fue la que me hizo reír. Ahora quiere que Dios sea su “cómplice”, sí porque ya prometió a Dios que, si se ganaba la lotería donaría la mitad a la caridad y demás beneficencias... ja ja -perdón ahí está otra vez mi risa-. Y es que el caso me resultó bastante familiar porque creo que muchos, entre ellos yo, hemos caído alguna vez en esa tentación. Menos mal que Dios no cae en chantajes, ni se asocia a nuestras “estrategias”. Es más, ni siquiera creo que lo diviertan nuestros juegos de azar que más bien son juegos de ambición, obsesión y poder.

Siempre en casos como éste me pregunto: ¿Qué habría hecho Jesús en una situación similar? Y para responderla, me remonto a su Palabra.

¿Jesús habrá jugado a la lotería o algún otro juego de azar en su época?, Porque seguramente había juegos de azar desde entonces así como había prostitución y homosexualidad. Lamentablemente no habla directamente de ninguna de las anteriores a excepción de la prostitución.

Sin embargo siempre nos da la respuesta para éstos y todos los demás problemas que se presentaron en aquel entonces y los de nuestra era actual.

La lectura de éste domingo y el anterior nos dan algunas pistas de la postura de Jesús ante el dinero y las posesiones materiales.

En la lectura pasada (Lc. 11, 1-13.) nos insta a “pedir” y nos promete una respuesta. En todos los casos del evangelio nos invita a pedir pero en todos sus ejemplos nos llama a pedir cosas necesarias, básicas. Incluso en la oración del Padre Nuestro.

Para alguien, un i-Pad, o una lap top quizá sea una necesidad básica creyendo que, sin esta novedad tecnológica estará “out”; pero todos sabemos a lo que Jesús se refiere al decir que pidamos: “el pan nuestro de cada día.”

Hay gente que agradece a Dios por los favores recibidos: como el cierre de jugosos negocios millonarios, premios de la lotería –precisamente-, herencias, en fin. Como si Dios premiara con dinero nuestras “buenas obras”.

¿Te parece digno de premiarse los salarios miserables que un empresario paga a sus empleados, enriqueciéndose con sus horas extras y sus prestaciones nulas, dejándolos sin futuro a ellos y sus familias?

¿Crees que merecen premio aquellos que venden medicamentos o curas milagrosas prometiendo la salud, dejando sólo con más problemas financieros a los de por sí golpeados enfermos?

¿O aquellos abogados que, como hienas voraces se abalanzan sobre el dinero o los bienes de sus “defendidos” haciendo tratos “bajo la mesa” con sus enemigos?

Y podría continuar con más formas de enriquecerse injustamente, porque creo que casi todas las formas de riqueza implican una injusticia. Nombra la que quieras, incluso la lotería, porque, según las estadísticas: son los pobres los que más la juegan, los que más participan. Así que, si te ganaras la lotería, estarías ganando el dinero con el que muchos decidieron dejar a su familia sin comer o sin comprar algo más necesario que apostar. Y ganarías el dinero que muchos ricos despilfarraron sin haberles costado ningún esfuerzo ganar. Es cierto que muchos lo hacen por desesperación o en la búsqueda de una mejor calidad de vida, y no por ambición desmedida; de hecho para ellos será casi el único medio de salir de la miseria, pero ésa es la verdad. Y la verdad es que, Jesús no interviene en la repartición de dichos “bienes”.

Por eso la molestia de Jesús ante el dinero. Sabe perfectamente hacia dónde nos puede llevar, sabe de lo que podemos ser capaces por obtener el dinero y a todo lo que podemos obtener con él. Sabe que el dinero es capaz de sacar lo peor de nosotros como matar, oprimir, engañar, traicionar... como Judas.

Jesús quiere que pensemos y aceptemos esa otra herencia: el Reino de los cielos. Que no nos dejemos distraer por nuestras necesidades terrenales y descuidemos nuestro futuro en el cielo. Siempre habrá quien nos haga creer que necesitamos más de lo que ya tenemos, como la publicidad en los medios. Incluso dichos medios recurrirán a trucos como hacerte sentir un perdedor porque no tienes tal o cual cosa. Después de pasar una vida acumulando “las cosechas”, al morir todo se ha de quedar aquí y lo disfrutará alguien que no lo trabajó, así de irónico.

Jesús está consciente de que nos preocupa el qué “comeremos y qué vestiremos”el día de mañana pero nos llama a confiar en su Padre. Jesús mismo nos pone la muestra porque no acumulaba nada para sí mismo. Y así vivió feliz. Debió haber sido así; de otra manera no hubiera conquistado multitudes.

Me rehúso a creer en esa fantasía de muchos, en que Dios sea siquiera capaz de intervenir en la repartición de un recurso a veces tan lleno de injusticias y de sangre.

¿Entonces quiere decir que los que tienen una buena situación económica sí son agradables a Dios? ¿a ellos sí los ama? ¿y los pobres entonces no merecen su amor, los millones de miserables en todo el mundo han sido abandonados por su Padre? No, claro que no.

Eso eligen pensar quienes han cometido toda clase de injusticias -algunas de ellas legales- por dinero. Eligen pensar que Dios “se los dio” para que nadie cuestione su origen. Entonces ¿cómo resistirse a aceptar un regalo de Dios? Y para acallar un poco su conciencia –a quienes todavía les queda un poco de ella- deciden ser “agradecidos con Dios” y le comparten migajas de su fortuna. Pero en vez de devolver lo robado, dan “caridad”, puede ser mucho o poco, no importa, pero sigue siendo dinero sucio.

Queriendo ganar simpatía ante Dios, dan su dinero a la iglesia. Algunos sacerdotes verdaderamente santos no lo aceptan, y sé de varios casos cercanos. Sin embargo, otros caen en esa “dinámica conveniente” y se prestan a ese juego sucio. Y entonces empieza otro ciclo en el que, en las iglesias en vez de repartir a los pobres -que fue a quienes en un principio les fue robado- ese dinero termina adornando elegantemente la casa de aquel que desde un principio lo rechazó: de Jesús, otra ironía.

Ahora entiendo la furia de Jesús al derribar las mesas de los comerciantes en la casa de su Padre. Eran chacales robando a los de por sí pobres en el nombre de Dios. Es como ensuciar de mierda la casa de alguien.

Así que, si arrebatas dinero o haces lo que sea por él, te voy a pedir como cristiano una cosa. No que lo repartas entre los pobres, ni que lo des a las iglesias, ni siquiera que lo devuelvas –sé que es casi imposible-, tampoco que me compartas porque creas que tengo envidia, mucho menos que ensucies a otros con tus bienes mal habidos –como a tu familia-. Sólo te pido que no trates de hacerme creer ni a mi ni a nadie más que mereces más que yo; ni me digas que tu y yo “merecemos” más que tantos y tantos pobres que mueren de hambre como esclavos o como libres, pero sin oportunidades. No quieras convencerme de que tenemos más, porque Dios nos ama más a ti y a mí que a los que ya mencioné. No te atrevas.

La única cosa que te pido es que no ofendas a los millones de miserables en el mundo diciendo que “Dios te lo dio”... por favor nunca más lo vuelvas a decir!

lunes, 26 de julio de 2010

¿PARA QUIÉN TRABAJO?


Muchas de las personas que decimos conocer a Jesús, lo hicimos después de tener un encuentro personal con Él, de hecho, este se ha convertido en un término para identificar a quienes dentro de una experiencia reflexiva de un fin de semana -quizá más días-, conocimos "la verdad". O al menos eso creímos.
Yo creo que un "retiro espiritual", "encuentro con Cristo", "campamento", "jornada" "encierro" o como se le quiera llamar a dicha experiencia, debe tener un sólo objetivo: Liberar.

Pero sólo podremos liberar a la gente, cuando en realidad la queramos ver libre.

Gritar "Jesús" y lanzar consignas con todas tus fuerzas durante horas, no libera.

Rezarle, cantarle y bailarle a Jesús todo el día, no libera.

Debatir acerca de Jesús en todo momento, no libera.

Oír temas de Jesús al cabo de dos o tres días, no libera.

Llevar toda la vida escribiendo documentos, libros y tratados acerca de Jesús, no libera. Hablar de Jesús por todo el mundo, tampoco libera.

¿Qué es entonces lo que realmente libera? Dos cosas: vivir como lo hacía Jesús, y tratar a los demás como lo hacía Jesús.

Yo definiría a dichos "retiros" como: "La comprensión de aquello que durante todos los domingos de tu vida no entendiste". Creo que eso es lo que deberían ser, y algunos sí lo logran. El compromiso entonces, de servir en estos retiros con Jesús como fin, es enorme, nos brinda una autoridad liberadora -o condenadora- desde el momento en que la gente asiste.

¿Por qué? Porque ellos reconocen que buscan algo y también confían en que nosotros se los podemos mostrar. Un tipo de fe ciega, digamos.

Y esa autoridad o capacidad, es un gran poder que bien puede ser una herramienta o convertirse en un arma. A Jesús nunca le gustaron las armas ni la violencia, a sí que, ver a la evangelización como una guerra, ya es un mal comienzo. Y en los retiros, así como en la vida, en las películas, los libros o las telenovelas, nos encantan los antagonistas. Los malos contra los buenos.

Si tú ya viviste una experiencia de estas, ¿quién te dijeron que era el malo? A mí en un principio me dijeron que era yo. Y que estaba en todo momento asesorado por alguien peor, sí... Satanás. Yo estaba confundido y vulnerable en aquel momento y en verdad necesitaba que alguien me liberara.

Pero ¿De qué hay que liberar a la gente dentro de los retiros? De sentirse castigados por Dios, de la discriminación y opresión de otros, de creer que son "poca cosa" o tan malos como para que Dios los ame y perdone por sus errores, de sentirse desafortunados y solos, de creer que para acercarse a Dios hay que ser puro, etc.

¿Y de qué hay que sensibilizarlos antes de salir de los retiros? Del gran amor que Dios les tiene, de que existen personas aún más necesitadas, que hay problemas más graves que los suyos, que hay que amar y ayudar a los demás, que debemos perdonar y no juzgar y que aquel que nos liberó: Jesús, nos invita a hacer lo mismo con otros. Ser conscientes y aceptar que al salir liberados, tenemos el privilegio y el compromiso de hacer el mejor uso de nuestra libertad, liberando a otros.

Cuando se tiene la intención de servir en uno de estos retiros, no se requiere de mucho, pues una labor de servicio arduo y desinteresado no suele ser muy codiciada en las comunidades, aunque no en todas.

Una vez dentro, ya dispuesto a servir en uno de estos encierros, a mí me hicieron creer que necesitaba un postgrado en pedagogía, otro en psicología, una licenciatura en teología, y casi casi saber exorcizar –exagero un poco-. Cuando lo único que de verdad necesitaba, era la intención de liberar... como lo hacía Jesús.

Pero en mi retiro y en muchos otros, la gente sale con más cadenas que con las que entró, lo peor es que lucen tan felices y muy dispuestos, pero con la consigna mental y sentimental de encadenar a los que vengan como en un par de días hicieron con ellos.

Miles de restricciones para comulgar o para que Jesús perdone nuestros pecados, cuando en el evangelio no se negaba a nadie y perdonaba tan fácil. Miles de cosas que dicen son malas para Jesús y lo hacen llorar, pero que no se pueden sostener o justificar con los evangelios. Por ejemplo: Harry Potter. Sí, un hechicero bueno y que ni siquiera existe, muchas autoridades religiosas prohíben leer sus libros o ver sus películas porque alegan que "la brujería es del diablo". Ahora resulta que hemos de creer solamente en las fantasías literarias de la Biblia, como Adán y Eva, el santo Job, etc.

Es verdad, Satanás está al acecho, pero él no es el principal enemigo a vencer en los retiros y en la vida diaria, sino yo. Yo, porque soy el responsable de imponer pesadas cargas, maltratar psicológicamente para que la gente se "convierta", juzgarlos e inventarles pecados, hacerlos sentir sucios e inmorales, crear restricciones o rituales para creerse salvados, etc. Por eso en ocasiones estas experiencias no rinden los frutos esperados, porque al salir tanto adultos, jóvenes e incluso niños, sí llegan a liberarse, pero de nosotros.

Satanás no es omnipotente, es por eso que optimiza sus esfuerzos y recursos de la manera más conveniente. ¿Sabes dónde trabaja mejor y sin tanto esfuerzo? En las "cosas de Dios". Sí, porque donde hay discípulos reunidos y se habla de Jesús, generalmente hay disputas de poder, envidias, soberbia, juicios, burocracia, tradiciones y costumbres inútiles, rangos, discriminación, necedad, ah y además traición.

Las comunidades, instituciones y grupos, son por ello un "caldo de cultivo" ideal para que el demonio crezca, se reproduzca y domine con facilidad, con un poco o mucho de nuestra ayuda.

Tal vez por eso el 90 % de las enseñanzas de Jesús en el evangelio, son dedicadas a nosotros los que andamos tras Él para seguirlo, porque somos los que más errores cometemos. Y lo peor es que lo hacemos en su nombre. El otro 10 % de las enseñanzas son para reconfortar a los pobres a quienes les hacemos creer que nosotros somos los buenos y ellos son los pecadores.

Tú, que tienes la intención de que los demás conozcan a Jesús por medio de estas experiencias... ¿Para quién trabajas?

viernes, 23 de julio de 2010

CUIDADO CON LO QUE PIDES

¿A quién no le gusta tener un trato preferencial? ¿A quién no le gusta ser dominante? Ser un gran líder, ser el primero, saberse mejor y que los demás lo reconozcan. El hombre tiende a buscar agruparse y también a sentirse identificado con dicha agrupación. Me puedo identificar con un equipo de fútbol, un partido político, un barrio, una religión, una comunidad, una preferencia sexual, una marca, un vicio, etc. Y a lo que pertenezca, yo quiero ser el más importante de todos.

Quiero creer que este impulso o necesidad de sentirme el mejor o ser destacado, es por causa de la selección natural, aunque el problema comienza cuando los demás también ejercen su derecho a ser "los machos dominantes de la manada" y entonces todos comenzamos a pelear para ver quien manda.

Jesús es más inteligente que nosotros y tiene una nueva regla para el que quiera ser el más importante entre aquellos que lo siguen, y es muy sencilla: el servir.

El plan de vida del hombre, generalmente no incluye o contempla el servicio desinteresado -y sin remuneración-, como una forma de liderazgo o de éxito en el mundo. Es por eso que nadie lo elige como estrategia mercado lógica o ideológica para dominar al mundo, porque no sirve para eso.

Jesús quería instaurar un nuevo orden, uno que no fuera determinado por la supremacía del más apto o por las leyes de la selva o la oferta y la demanda. Pero si esperaba que este fuera un nuevo orden mundial, debía comenzarlo él mismo y después, continuarlo sus seguidores. Por eso comienza poniendo el ejemplo sirviendo, no para tener autoridad moral para requerírselo o recriminárselo a sus discípulos, sino para demostrarles lo seguro que estaba de que el mundo realmente funcionaría mejor así. Algunos sin embargo, hasta para servir a Dios queremos gozar de un trato preferencial. Queremos, buscamos y logramos hacernos de un nombre, una posición, un sueldo y de una jerarquía, mientras decimos a los demás que seguimos valiente y fielmente a Jesús por todos lados.

Pero Dios no se deja impresionar por nuestro rango, influencias, predicas, contactos, dinero, renombre, fama o vestiduras, pues sabe mejor que nadie con qué fin "seguimos a su Hijo".

Allá en su Reino, el de los cielos, Él es el que manda, no hay influyentismo como aquí. Allá no hay "bienes raíces" que acaparar, allá no hay códigos sociales o de vestimentas que dividan clases; allá no se consigue un lugar preferente con dinero o palabrería; en fin.

A Dios nadie le dice como disponer, administrar o incluso regalar lo que es suyo... nadie.

Y es porque su misericordia no responde a nuestra lógica, pero no la entendemos, no por que él sea Dios, sino porque nosotros no somos capaces de amar como Él.

Por eso, no sirve de nada querer hacerse de un lugarcito a un lado de Dios a nuestro modo, con criterios egoístas e interesados, primero hay que servir, vivir sirviendo a los demás y que al final, Él decida si quiere compartir con nosotros lo que es suyo. Por algo es su Reino.

Yo, como creyente y seguidor de Jesús, no debo olvidar que aunque Dios es mi Padre, me ama y es misericordioso, debo tener cuidado con lo que deseo. No me conviene ser tan pretencioso frente a quien no se deja impresionar.

Por eso, en el servicio desinteresado, sin paga y sin honores, es donde realmente Jesús, Dios Padre y todos los demás, van a notar lo mucho que me interesa algún día tener un modesto lugarcito en algún rinconcito dentro del Reino de los Cielos.

Evangelio: Mateo 20,20-28
En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: "¿Qué deseas?" Ella contestó: "Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda." Pero Jesús replicó: "No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?" Contestaron: "Lo somos." Él les dijo: "Mi cáliz lo beberéis; pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre."
Los otros diez, que lo habían oído, se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús, reuniéndolos, les dijo: "Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos."


domingo, 18 de julio de 2010

DIOS: ARTISTA CAPRICHOSO

Soy fan de Dios. A mi parecer el mejor artista de todos los tiempos (literalmente), el más grande, el más original, bueno EL ORIGINAL. Me encanta su obra, toda, y he empezado a disfrutarla y comprenderlo a Él, aunque sea un poco más, a través de ella. Así me lo enseñaron en la universidad en mi clase de historia del arte. Podemos conocer a un artista por datos como su fecha y lugar de nacimiento, la época en que se desarrolló su obra, sus musas, sus gustos, su vida, su muerte, etc., pero donde verdaderamente se esconden los maravillosos secretos de un artista es en sus obras. Es en ellas en donde dejan prácticamente su huella, su marca personal e íntima, llena de particularidades que las hacen obras únicas, y que algunas denominamos como “obras maestras”.

Y digo que Dios es una artista en todo el sentido de la palabra porque para muchos, Dios es un loco, comparable con un Van Gogh o un Beethoven, considerados como los más grandes genios del arte de las brochas y de las notas musicales respectivamente.

En efecto, Dios es un artista caprichoso porque no se debe a nadie, es libre de imaginar y crear a su gusto, ¿porqué? Porque puede. Todo artista que se precie de serlo, no permite que nadie se interponga entre él y su obra.

Algunos han sucumbido, se han vendido y han escrito sinfonías o pintado retratos por necesidad, por ambición, por encargo o vanagloria. Incluso Van Gogh y Beethoven.

Sin embargo, Dios también es, y ha sido incomprendido por muchos desde que el hombre fue creado... por Él. Y es el hombre precisamente, su obra maestra más sublime, quien desprecia y ofende a su creador. Ignorante e insensible, reniega muchas veces del por qué ha sido creado. Cataloga a su gusto las demás obras del artista, del maestro; les asigna un “valor” de acuerdo a su criterio: el criterio de un “crítico” de arte. Sí, es la obra contra el creador. Es de todos sabido que un crítico de arte suele ser implacable en sus juicios. Se toma la libertad de etiquetar las otras obras de Dios, por ejemplo: la naturaleza.

Es el hombre quien determina cómo y cuando disponer de dicha obra; es más valioso un cocodrilo o una foca bebé muerto y “transformado” en bolsos o zapatos, que vivo, formando parte de una sinfonía viviente y en armonía con otras obras. Es también quien decide que el oro, por ejemplo, es más valioso que la plata, pero no más valioso que un diamante y por supuesto, también más valioso que la vida humana que costó obtener dicho diamante. Más aún, un compuesto químico vale más que un diamante porque dicho químico es capaz de acabar con miles de seres humanos. O un mapa genético vale más todavía porque con él podrán igualar al creador, al artista. Es cuestión de celos “artísticos”, porque el hombre nunca será capaz de crear algo desde cero como Dios. Es por eso que destruye la obra del maestro y crea con sus despojos obras grotescas e inútiles. Sólo Dios es verdaderamente capaz de crear, lo demás es trasformar, “redecorar” o descomponer.

Esa competencia y esa rivalidad han engendrado un rencor hacia Dios y hacia su obra más querida: seres humanos también creados a su semejanza pero con ese toque caprichoso, esos, catalogados por muchos como “defectuosos”. ¿Quiénes somos para decidir quien de nosotros está “bien hecho” y quien está “mal hecho?” Sólo porque algunos o muchos contamos con características similares no quiere decir que seamos nosotros los bien hechos. Tal vez los “normales” como nos auto denominamos, somos solo los bosquejos, o los “bocetos” de los “defectuosos”. Si alguien carece de una mano, un brazo, un pie o un sentido como la vista o el oído, o del control de su cuerpo o de su cerebro, o de su sexualidad, ¿eso los hace “errores” del artista? ¿Eso los convierte en obras sin sentido, sin gracia, sin gloria? ¿Sin posibilidades? ¿Sólo porque un crítico estéril y celoso así lo decidió?

Déjame decirte que las más grandes obras de Van Gogh y Beethoven también fueron grandemente criticadas y hoy en día disfrutamos de “La noche estrellada” de Van Gogh y de la “5ta sinfonía” de Beethoven o su famoso “Himno a la alegría”.

Nada molesta más al artista que ver su obra humillada y despreciada, recordemos que Dios es un artista orgulloso de todas y cada una de sus obras, DE TODAS!

Siento pena por aquellos que, como en una subasta, no pagan nada, abusan y no dan nada a cambio de esos seres especiales que Dios creó en uno de sus momentos de mayor inspiración. Como aquellos invidentes, que cuentan con un talento musical increíble. O como el famoso científico Stephen Hawking quien, sin hablar y sin poderse mover de su silla de ruedas ha logrado desentrañar muchos de los misterios del universo. Están también quienes a pesar del hambre y de la opresión son capaces de dar su vida con tal de proteger a otras creaciones de Dios. Estos críticos dejan de admirar y disfrutar obras realmente sublimes.

Pero atentos, porque con Dios el artista nunca se sabe, está constantemente mejorando sus obras, retocándolas, tal vez nosotros los normales seamos los próximos, no sea que a Dios le resultemos grotescos o demasiado“comunes”.

Afortunadamente y a pesar de lo anterior, hay quienes han decidido colaborar y ser aprendices del maestro, formar parte de la gran obra de Dios quienes, en vez de destruirla se han decidido a contribuir en la defensa y conservación de la naturaleza y de los “defectuosos”, de los desprotegidos. Han llenado de color y de trazos incipientes la obra maestra de Dios siguiendo su “estilo” y su “técnica” lo más apegados posible.

Ellos son quienes realmente heredarán toda la colección de arte que Dios que, a lo largo de su extensa y prolífica carrera, ha ido acumulando; podrán algún día disfrutar de todas estas maravillas de su creación como en un gran museo interactivo, una muestra permanente de arte, en compañía del mejor artista, de su creador, de nuestro Padre Dios!

miércoles, 14 de julio de 2010

PARA TODO HAY TIEMPO


Para todo hay tiempo ¡Qué gran mentira!, A mi juicio, si el día tuviera 36 horas, de igual manera no me alcanzaría para hacerlo todo. Sin embargo, lo mejor será que en estas 24 horas que no puedo modificar, haga lo indicado. Un gran defecto o vicio que tenemos la mayoría de nosotros, es que somos extremistas a la hora de administrar nuestro tiempo, es decir, no sabemos equilibrar nuestras actividades para que podamos cumplir con un poco de todo, pues en realidad, no podemos hacerlo todo. Ni se podrá nunca.


La clave está en ordenar nuestras prioridades y saberle dar un momento a cada una de ellas por orden de urgencia e importancia.

¿Cuántas personas conoces que dedican todo su día al trabajo y nada a sus hijos o pareja?

¿Cuántas personas conoces que dedican todo su tiempo al quehacer de la casa, que no termina nunca?

¿Cuántas personas conoces que dedican su vida entera al encierro, la contemplación y a la oración?

¿Cuántas personas conoces que pasan todo su tiempo divirtiéndose o descansando sin ninguna ocupación?

Todo exceso es malo, y creo que en nuestro caso, los cristianos estamos llamados a hacer de todo un poco pero con un criterio distinto para las prioridades, un criterio más humano.

En una ocasión estaba viendo en la televisión un programa de animales, en el que explicaban que se dividen en dos grandes grupos según sus hábitos: los especializados y los oportunistas. Los especializados son aquellos animales cuyos hábitos de alimentación y reproducción son específicos e inflexibles. Como el panda, que sólo se alimenta de bambú, vive solo y los días para reproducirse son sólo unos cuantos al año. Los oportunistas en cambio, son flexibles y nada específicos a la hora de alimentarse, y se pueden reproducir con mayor facilidad. Como los mapaches.

¿Qué tienen en común todos aquellos que son animales especializados? Tienden a extinguirse. Las circunstancias no les serán favorables toda la vida y cuando no lo sean, se quedarán sin alimento y sin permanencia. En cambio, los que comen lo que sea y superan las dificultades al cambiar las circunstancias, sobreviven. No sé si son mejores que los especializados, pero sí, son más eficientes y por ello sobreviven. Y en la vida diaria, somos especializados en lo que nos da de comer o en lo que nos gusta, pero no en lo demás. Descuidamos nuestra convivencia, nuestra comunicación, a nuestros seres queridos y a los que nos necesitan. Podremos decir que es necesario hacer tal o cual cosa, pero más necesario es no descuidar todo lo demás. Como a Jesús. Y no porque Jesús llore lágrimas de sangre o algo así por nuestra indiferencia, sino porque es nuestro maestro, desaprovechamos al que nos va a enseñar a de verdad vivir mejor.

Por eso, Jesús con su vida nos invita a hacer de todo un poco. Lo demostró con su diario itinerario de vida. Por la mañana oraba, en el día caminaba, predicaba, sanaba, comía, hacía milagros, iba a una que otra fiesta, se divertía, y por la noche antes de dormir, se retiraba y oraba.

El tiempo que ha de dedicarse a Dios debe tener en nuestro día un lugar especial, quizá no podrá sustituirse por el tiempo laboral, por ejemplo, pero sí uno que propicie el aprendizaje de lo que realmente importa: lo que Jesús nos enseña. Nadie dice que la limpieza o el trabajo o la oración no sean importantes, es que tienen un lugar pero no deben ocuparlo por completo en nuestro día, y menos cuando Jesús nos habla. El rápido ritmo de “vida” que a veces llevamos, nos impide darnos cuenta de lo afortunados que somos, de lo desafortunados que son otros y de lo mucho que tenemos por aprender.

Tomemos un tiempo diario para escuchar al maestro, pues nos habla de muchas formas, yo te recomiendo que leas pequeños extractos de los evangelios, como el de este domingo (Lucas 10, 38-42), para que en la tranquilidad del lugar que prefieras o dispongas, medites lo que Jesús te enseña este día, para que mañana lo practiques.

jueves, 8 de julio de 2010

AMAR, NO TRATAR

Un día me encontraba en mi auto fuera de un lujoso café. Noté que un adolescente se acercaba tímidamente a los comensales que se encontraban dentro del mismo. Poniendo un poco más de atención me di cuenta que trataba de vender unos bolsos para mujer hechos a mano, no eran feos. Eran de un material rústico y de colores bastante vistosos. Y digo “trataba” de vender porque desgraciadamente no había tenido suerte en vender ninguna. Al contrario, la gente parecía molesta porque aquel chico interrumpía sus románticos momentos “tratando” de lograr una venta. En algunos incluso se notaba una mirada de desprecio hacia él.


Al salir del lugar se sentó en el arroyo de la banqueta y se puso a llorar. Tenía más o menos unos 12 o 13 años y la verdad, me pareció raro ver a un muchacho llorar así, sentí en ese momento un impulso por ir con él y hablarle, pero me contuve, era ya noche pues pasaban de las 23 hrs. Me dije: -¿qué pensarán los demás si me ven acercarme a este chico de noche?”-. Para nadie es un secreto que abunda la inseguridad, los secuestros y los abusos o favores sexuales a menores perpetrados por un adulto... como yo, como cualquiera, como tantos. De pronto, el muchacho cruzó la avenida hacia el supermercado que se encuentra frente a este café. Con mucho miedo y falta de experiencia en las ventas, se acercó aún llorando, a suplicarle a una señora que entraba al supermercado muy apurada. Tan apurada que, al momento en que el muchacho se acercó a “tratar” de vender, la señora, ya molesta, se detuvo a escucharlo. Yo, me acerqué para ver más de cerca, pero no por morbo, sino por esperanza, la esperanza de que alguien más ayudara a este chico. Mi sorpresa fue grande, pues la señora al verlo suplicarle, llorando, que le comprara una bolsa le dijo: -No llores, ¿qué no eres hombrecito?, No tengo dinero para comprarte tu bolsa pero llorando no vas a solucionar nada; sé hombre y sigue intentándolo que alguien te va a comprar-. Pero era evidente que la señora tenía dinero.

Al escucharla, me di cuenta que esta mujer inhumana tuvo razón sólo en una cosa, al decirle -alguien te va a comprar- y fue ahí donde entendí que tenía que ser yo quien le comprara un bolso. Entonces bajé del auto y me acerqué a él mientras seguía llorando por las insensibles palabras de aquella señora. Hablé con él, le pregunté su nombre –que por cierto olvidé- y traté de consolarlo. Me dijo que estaba estudiando la secundaria, su madre había enviudado hace poco quedándose al cargo de otros dos hijos gemelos y más pequeños. Su madre hacía esos bolsos para ayudarse con los gastos de la casa y para los estudios de su hijo mayor.

Es por eso que tenía que “tratar” de vender sus bolsos a altas horas de la noche lejos de su hogar, porque estudiaba por las tardes. Y no había vendido ninguna, así que quise darle el valor del bolso sin llevármelo pero no aceptó, así que tuve que tomar el bolso y me ofrecí además llevarlo a su casa. Aquel día yo ya no pude comprar lo que necesitaba porque me quedé sin dinero, pero no me importó. La vida no quedó resuelta para ese chico, pero al menos esa noche vendió un bolso, llegó en coche a su casa y quizá durmió más tranquilo.

Recordé lo anterior, gracias la famosa parábola del “buen samaritano” (Lucas 10, 25-37) que escucharemos este domingo en el evangelio. Habla Jesús de no ser simples espectadores de los problemas o desgracias de los demás, sea cual sea nuestra condición. Curiosamente, en esta parábola los hombres que pasan de largo sin ayudar al desgraciado que acaban de asaltar, son aquellos que por su jerarquía religiosa o política deberían estar más cerca de los miserables. Sin embargo, el que se detuvo fue una persona repudiada y despreciada por otros incluso por los de su mismo pueblo, por su misma gente. Me parece extraordinario que fuera él quien se detiene a, no sólo dar los primeros auxilios sino que, además lo lleva a un lugar seguro, se encarga de todos sus gastos y, además se ofrece a pagar más si es necesario, a su regreso. Es decir, gasta su propio dinero en alguien que ni siquiera supo que le pasó. Y lo hizo sin esperar retribuciones, honores, es más, ni siquiera esperaba las gracias pues quedó inconsciente, pero eso sí... prometió regresar.

¿Cuántos de nosotros pasamos de largo al ver a uno o muchos de éstos necesitados? ¿Cuántos somos sólo espectadores del triste espectáculo de la miseria humana, que no actuamos por simple comodidad, egoísmo o corrupción?

Otros, como esta señora, además de verlo desgraciado, lo regaña y le da sermones, como si uno “comiera” de sermones o como si se pudiera pagar la luz o el gas con la palabrería de un fariseo. Jesús nos pide ir más allá, más allá de lo que creemos es justo.

Nos llama a ser MISERICORDIOSOS, y desde mi punto de vista, aquel cristiano -o no cristiano- que no es capaz de gastar su dinero en uno de sus hermanos necesitados, NO AMA A DIOS.

Hay muchos que “recaudan” dinero o recursos para ayudar a los pobres, pero nunca sale un centavo de sus bolsillos, eso es hipocresía y falta de fe. Así de simple.

Al samaritano la misericordia le costó TIEMPO –porque se detuvo-, ESFUERZO–porque lo vendó y curó- y DINERO –porque pagó su atención médica y su posada-.

La caridad y la misericordia a la que estamos llamados por Jesús, debe implicar nuestro tiempo, nuestro dinero y nuestro esfuerzo, no sólo uno de ellos o el de los demás. Para Dios, es misericordioso sólo aquel que se detiene, cura y gasta de su propio dinero en el necesitado, no importando si es justo, no importando quien sea el desafortunado y no importando el pasar desapercibido.

¿Cuándo dejaremos entonces de “tratar” y empezaremos a AMAR?

sábado, 3 de julio de 2010

¿QUE PARTE DEL "NO", NO ENTENDEMOS?

Del evangelio de Lucas 10, 1-12, 17-20.

Sin duda uno de los pasajes más polémicos de los evangelios, pero, ¿por qué es tan discutido? Creo que por que es muy claro. Así es, no debiera ser polémico, pero lo es por lo inconveniente de su claridad, y quienes no lo discuten, lo omiten. Jesús marca quizá el principal requisito para ser su discípulo, no como una opción, sugerencia o un voto, sino como una orden.

"ORDEN" una palabra ya bastante diluida para nombrar a algunas comunidades o congregaciones, que dicho sea de paso, burlan al menos una de estas órdenes que Jesús da a los enviados. Creo que el éxito de la misión de anunciar el evangelio, siempre ha sido la pobreza, esta da testimonio de nuestra confianza en Dios, de amor y de obediencia. Sí, esa fe que tanto pregonamos, pero que con posesiones y lujos, desacreditamos ante Dios y ante los demás.

El destino pues de los encomendados a la misión de evangelizar, es depender de los medios de Dios. Como los discípulos no deben de llevar dinero, claramente Jesús establece entonces el sueldo de sus trabajadores: comer de lo que les den. Nos guste o no, no ha de recibirse entonces un peso por hablar de Dios. Se puede y se hace, pero no se debe.

También establece sus deberes al entrar a las casas, y es sanar a los enfermos que se encuentren ahí y anunciarles la proximidad del Reino de Dios. Pero sólo cumpliendo las exigencias de nuestro patrón es que podremos regresar exitosos y llenos de alegría de nuestra misión, y al no hacerlo, sólo seremos más esclavos amargados del montón. Enviados que somos y hacemos víctimas, por cambiar lo que Jesús ordena, por aquello que Jesús no ordena.

¿Cuántos "siervos" viven como amos? ¿Cuántos trabajadores se contentan sólo con lo que les dan para comer? ¿Visitamos acaso las casas? Y, si es que visitamos las casas ¿Quiénes lo hacemos para sanar a los enfermos? ¿Expulsamos demonios, o los llevamos con nosotros? Nuestras escasas visitas se asemejan más a un censo de pecadores y el grito de la nota roja, que al anuncio de la Buena Nueva.

Jesús no se equivoca, y nuestra Iglesia sigue triste, cada vez más sola, rebasada y en decadencia no por causa de la modernidad, la inmoralidad, el Internet, el fútbol, la pornografía, el aborto, la homosexualidad, satanás o todo el pecado junto de la humanidad, es simplemente que los discípulos hemos desobedecido sus órdenes. ¿En qué forma? Preguntémosle al evangelio. Pero escuchémoslo bien, con el corazón abierto y sincero, y acatemos lo que nos manda.

Siempre hemos sido buenos para encontrar disculpa o excusas para evadir. Anulamos la autoridad de la palabras de Jesús y, más grave aún, las ponemos en duda. Claro que sólo aquellos versículos que nos son “incómodos” o “inconvenientes”. Incluso existe el término “hecho teológico” para apuntar de una forma elegante que un hecho es presumiblemente falso. Hasta llegamos a disculpar algunas traducciones bíblicas alegando que ciertos términos ni siquiera tienen traducción. Sin embargo utilizamos argumentos del antiguo testamento o post evangélicos para dar rienda suelta y justificar así nuestras más secretas pasiones: poder y condenación sobre los fieles, dominio de las escrituras, quien entra y quien no al cielo y por supuesto, cuánto cuesta la salvación en la moneda corriente, etc. Está comprobado que muchos de estos antiguos escritos están plagados de grandes y graves errores, omisiones y contradicciones no sólo históricas, sino teológicas y doctrinales.

Encontramos la manera y las palabras precisas para justificar la opulencia en nuestros templos, en las regias vestiduras y títulos, cuentas bancarias y cocheras de nuestros “humildes pastores”. Y nos sólo me refiero a la jerarquía de la iglesia sino a predicadores, catequistas, religiosos, en fin, cualquiera que se precie cobrar por ser seguidor de Cristo. Conveniente ¿verdad?
La humanidad simplemente está siguiendo el curso lógico de no conocer a Jesús: la perdición, tal como si ella obedeciera a la ley de la gravedad, cayendo. Es el desacato y no otra cosa, lo que nos está costando el éxito de la misión que Jesús nos encomendó... ¿Qué parte del “NO” no entendemos?