viernes, 28 de mayo de 2010

CUANDO EL DINERO YA NO COMPRE NADA


Ante la creciente ola de delincuencia e inseguridad que se vive en nuestro México, creo que sólo existe un gran responsable: el dinero. Sí, el dinero y lo que con ello se consigue -casi todo-, es el principal aliciente para que hoy en día, hagamos lo que sea para obtenerlo, incluso cometer delitos dentro y fuera de la ley.

Pero el verdadero problema para algunos, no es cómo ha crecido sino que ya los alcanzó.

Así es, como afirmó sabiamente un personaje importante de la vida política de nuestro país -actualmente desaparecido-: "la corrupción somos todos", y no pasa nada hasta que me afecta a mí o a mi familia. Si por ejemplo, soy un empresario -como pepe y toño- que, para acumular más ganancias de las que me corresponden, pago cada vez menos y reduzco las prestaciones a mis trabajadores ¿eso no es violentar ni corromper a México? Si soy un funcionario de gobierno que trabaja poco, cobra mucho y estorba más ¿tampoco eso es violentar y rezagar al país?

Pero ¿qué tal si me roban mi reloj Cartier o secuestran a mi hija? eso si es un motivo para movilizar no sólo a la policía sino al ejército también. Esto es México, desgraciadamente somos el país del descaro.

Qué fácil es culpar a todos los demás del nivel tan horroroso de peligrosidad que tenemos como nación. A la gente sin educación, sin cultura, pero ¿quiénes los mantienen así? La violencia intrafamiliar, la ignorancia, el rencor, el abandono de los hijos, es generada y alentada por los abusos sociales contra los más desprotegidos. Lo que pocos sabemos es que el dinero, sí, ese por el que lo damos o lo perdemos todo, pronto no va a comprar nada.

Podrás pagar una sirvienta, pero tu dinero no comprará su discreción, por lo tanto, sabrán donde robarte. Podrás pagar un guardaespaldas, pero no comprarás su fidelidad, por lo tanto, antes que protegerte usará tus puntos débiles a su favor. Podrás pagar un auto alemán o italiano de lujo, pero no comprarás tu trayecto seguro a casa, por lo tanto saliendo de tu residencia te ubicarán. Podrás pagar el mejor servicio bancario, pero no comprarás su secreto, por lo tanto la información de tus cuentas será útil para los asaltantes. Lo mismo le pasará al gobierno, podrá pagar cada vez más policías pero no comprará su lealtad, por lo tanto, la delincuencia organizada trabajará en conjunto con las autoridades que “nos protegen”. Podrá pagar funcionarios pero no comprará su eficacia, por lo tanto, seguiremos hundidos como país sin salir de la crisis nacional y global por los intereses individuales y partidistas.

Un día, todos no sólo los pobres, seremos tremendamente vulnerables los unos a los otros.

¿En quién podremos confiar entonces? Los ricos necesitan quien les sirva y los pobres necesitamos trabajo ¿Antes no era suficiente ser rico para ser respetado e intocable? Porque los ricos quieren que todos envidiemos y sepamos lo mucho que tienen pero no para que se los arrebate alguien más. Y si tienen que vivir sin lucir o usar el dinero para estar tranquilos, ¿qué caso tiene que abusen tanto? Qué bajo hemos caído en este país, que los ricos ya no pueden robar a gusto y ostentar su dinero sin levantar sospechas y tentaciones... ¡pobrecitos!

Por eso no conviene que como sociedad seamos corruptos, ni permitamos que las autoridades lo sean, porque muy pronto nos veremos envueltos en un caos como aquellos que generan los tsunamis o los huracanes después de azotar las costas. Así más o menos nos veremos: cuidando de los saqueadores por las noches nuestras casas inundadas y las pocas pertenencias que nos quedan, todas echadas a perder. No podremos dormitar ni un poco si queremos conservar lo que nos queda.

Los efectos pues de nuestra ambición desmedida, no sólo van a acabar con nuestro planeta, también terminaremos rompiendo el orden mundial de las sociedades. Comenzaremos otra vez a arrebatarnos lo que queramos sólo porque nos es posible, como si retrocediéramos en el camino evolutivo y volviéramos a ser simios.

Si hoy uno viola la ley y queda impune, el otro dirá: "a mí se me cometió una injusticia que nadie castigó, entonces yo también haré lo mismo". Como en un partido de fútbol, que al no poner orden el árbitro y no sancionar una falta evidente, después se cometen más agresiones los unos a los otros hasta desatarse la bronca. Y en lugar de reflexionar seriamente acerca de nuestros errores como sociedad, ciudad y gobierno, en los medios de comunicación se nos priva del derecho a la información, se censura la crítica, se nos miente con versiones fantasiosas de diversos crímenes, y por último, se nos lava el cerebro con los supuestos valores exaltados que tenemos, con ocasión del tan nombrado bicentenario. Se nos tacha de negativos y pesimistas a los que invitamos a pensar.

Cualquiera que vea los anuncios promocionales del bicentenario en otro país, creería que somos seres de otro planeta, pues creo que algunos extranjeros nos conocen mejor. Pero ¿¡Qué vamos a celebrar por el amor de Dios!?

Lo único que les queda por hacer a aquellos que roban, abusan y pisotean para obtener y acumular riquezas que no les corresponden, es entender que pronto ese "don dinero" por quien apuestan y arriesgan todo, los va a llevar a la ruina, porque ya no ejercerá más influencias ni dará más poder. A estas alturas, pronto llegará ese día en que el dinero ya no compre nada.

¿Cuándo llegará?

Mmmm... creo que ya llegó

martes, 18 de mayo de 2010

EL DIOS ENCUBIERTO





Jesús hace ya un par de miles de años, dejó a cargo a sus amigos terrenales al haber completado la misión que tenía encomendada: la salvación de la humanidad.
Sin embargo los discípulos no aceptan del todo bien la idea de quedarse solos para anunciar la salvación de Jesús a todo ser humano, necesitan ayuda. Es aquí donde comienza la era actual, la era del Espíritu Santo.
Es más común hoy en día oír hablar de Jesús o incluso de cualquier otro santo o virgen, que de la tercera persona de Dios.
Para él funciona bien, es decir, su acción bien puede ser discreta la mayor parte del tiempo, pasar desapercibido parece una estrategia bastante efectiva.
Sin embargo también puede ser todo un suceso de experiencias naturales y sobrenaturales que sorprenden a cualquiera. Es la persona de Dios –creo yo- más expresiva, más emocional; presente en todo momento y todo hecho histórico en la humanidad y más aún: en tu propia historia individual. Como si fuera la parte de Dios más curiosa por el hombre, mirando en todo momento su evolución, acompañándolo en su camino: siendo cómplices.

Sí, es el Espíritu Santo el colaborador del hombre, siempre y cuando, el hombre trabaje según el plan de su Padre Dios y siga las instrucciones de su maestro Jesús, AÚN CUANDO ESTE HOMBRE NO CONOZCA COMO TAL A DIOS O A JESÚS.
Es decir, tú puedes ser colaborador de Dios y seguir los pasos de Jesús aún sin conocerlos, o conociéndolos bajo uno de sus tantos alias. Sí, el Espíritu Santo es una donación para cualquiera de buena voluntad pertenezca o no a cualquier religión o denominación cristiana.
Es entonces el Espíritu Santo aquel que nos ayuda a terminar de entender y poner en marcha el reinado de Dios, como si fuéramos “embajadores” de Dios que tenemos por objetivo establecer el nuevo orden: el orden del amor.
Pero sólo obtendremos su ayuda si cooperamos e interactuamos con su Espíritu.
Los dones del Espíritu Santo son como su nombre lo dice, regalos en forma de herramientas que nos ayudarán a construir ese reino, pero... cuáles y cómo son?

DON DE CIENCIA: Me imagino por ejemplo, al hombre y el Espíritu Santo como un par de jóvenes científicos tratando de encontrar una cura para el sida o desarrollando nuevas tecnologías, pasando horas de investigación y sacrificios en pro de un bien universal, escribiendo ensayos, haciendo experimentos...

DON DE CONSEJO: De los rasgos más íntimos y personales, nuestra “conciencia” que nos advierte del peligro o nos da seguridad; la ayuda diaria para tomar las mejores decisiones. No sólo las propias sino las de otros, por eso es un elemento fundamental para un buen líder, un líder al modo de Cristo.

DON DE FORTALEZA: El consolador del que Jesús hablaba, la fuerza exterior que ha de venir a encender otra vez nuestro corazón agotado y deteriorado. El secreto para no quedar aplastado bajo el peso de la cruz que diario habremos de cargar como discípulos del Cristo.
La energía que nos haga levantarnos cuando caigamos, la salud cuando enfermemos, la luz cuando todo esté en tinieblas...

DON DE INTELIGENCIA: Todos aquellos descubrimientos con los que el hombre se ha topado pueden ser utilizados de una forma positiva o negativa para la humanidad. Es aquí donde la inteligencia entra, para comprender el verdadero valor de la información y la verdad que hemos “descubierto” y darle el mejor uso. Acontecimientos científicos, morales, artísticos, religiosos, humanistas, etc. La finalidad es hacer el bien con aquello que hemos obtenido o recibido. El mejor uso para un átomo dividido, para el mapa genético del ser humano, para un antivirus, para una campaña publicitaria, para una canción, para un nuevo planeta descubierto, para una verdad teológica. Todo ello nos deberá acercar a Dios y no alejarnos de él.

DON DE PIEDAD: El regalo que más necesita de nuestra colaboración; para amar tal y como Dios ama. ¿Imposible? No. Es Dios quien pone la muestra dándonos lo más preciado para él: su Hijo. Su hijo a su vez nos demuestra su amor al morir de una manera vergonzosa por nosotros. Es nuestro turno de demostrar nuestro amor a Dios amando a quienes él más ama: a los más necesitados, a los olvidados, a los pequeños, a los débiles, etc.
Es este don con el cual nos han de reconocer como verdaderos cristianos, ni más ni menos. Cualquier otro don o manifestación sobrenatural carecen de relevancia si obviamos la misericordia transformada en amor.

DON DE SABIDURÍA: El secreto para los descubrimientos científicos y su correcta utilización mediante la inteligencia dependen de este regalo en particular: la sabiduría.
Los anteriores estarán a la disposición de aquel que sabe qué hacer con dichos descubrimientos, o sea, del sabio. Dios no confiaría a cualquiera grandes verdades si no confiara en las manos que va a depositar semejantes descubrimientos. El sabio ha de ser sencillo y humilde para recibir el conocimiento de Dios, debe ser un íntimo confidente de los secretos de Dios y debe saber cómo, cuándo y a quienes revelar dichas verdades. Sin duda uno de los dones con más carga responsable. Responsabilidad que puede llegar a pesar demasiado pero que bien vale la pena si dicha sabiduría se comparte con todos.

DON DE TEMOR DE DIOS: ¿Alguna vez tuviste miedo de hacer algo que sabes enojará a tus padres? Ese es el temor de Dios. Hay no muchas cosas que le hagan enojar, de hecho se podría reducir a una sola cosa: lastima a uno de sus hijos –cualquiera- y entonces sabrás que has hecho enfadar a Dios, especialmente si te metes con uno de sus consentidos, digamos un pobre, un enfermo, un encarcelado, un niño, una mujer, una viuda, un anciano, etc. Las veces que pudimos ver enojado a Jesús fueron provocadas por hipócritas que se decían defensores de los anteriores y sin embargo eran nada mas y nada menos que sus verdugos: fariseos y sacerdotes del templo. Así que el don del temor de Dios sería pensarlo mejor antes de hacer enojar a Dios, las consecuencias las dejó Jesús muy claras...

En fin, hay muchos más dones y frutos del Espíritu Santo pero más que hablar o escribir de ellos, hay que experimentarlos, algunos serán tan nuevos o raros que ni siquiera ha de existir nombre o palabra para llamarlos. Cada persona puede experimentar una variedad infinita de regalos que han de ser para beneficio de los demás hijos de Dios, en comunidad o en la familia. En este Pentecostés abre tu mente y corazón a la experiencia discreta o espectacular del Espíritu santo... pídele que te sorprenda!

viernes, 7 de mayo de 2010

LOS PELLIZCOS DE MI MAMÁ


Cuando era niño, recuerdo muy bien que al ir a misa, mi mamá cada domingo me recordaba con un pellizco, que tenía que ir confesarme a media ceremonia. No pronunciaba palabra alguna, sólo me miraba y yo sentía el pellizco. Por supuesto a mí me disgustaba, más que el pellizco, la insistencia en que debía purificarme de mis gravísimos pecados que como cualquier otro niño de ocho años, cometía. Yo entendía la intención de mi mamá y su preocupación porque yo amara a Dios y cumpliera con sus mandatos, pues lo hacía por amor. Aunque también por lo que creemos amor, a veces cometemos errores.

Pero, ¿cuándo dejó mi mamá de pellizcarme para obligarme a que me fuera a confesar cada semana? Cuando le dije la verdad. Aunque era niño, me percataba de cosas que llegada la hora, me vi en la necesidad de usar en mi defensa. Le dije enojado después del pellizco: -“Ahora que recuerdo, yo nunca te he visto confesarte, y que yo sepa, tampoco tú eres una santa”-. Mi mamá no contestó nada y no volvió a tocar el tema.

En la actualidad, nuestra iglesia católica atraviesa un periodo más que de ataque, yo diría que de luz y de verdad, y sufriendo las consecuencias que las evidencias traen consigo. Cuando la gente conoce a la verdad, muchas mentiras –a veces no todas- se derrumban. Algo así me pasó con mi mamá, ella trataba de inculcarme el amor de Dios y de cuestionarme si estaba cumpliendo con lo que Dios manda, pero a ella nadie se lo cuestionaba, ojo, yo no la juzgué, ni la deshonre, ni la insulté, ni la injurié... sólo le dije la verdad.
Cada semana por lo menos, es nuestra madre iglesia la que sin cesar nos cuestiona en misa –no en todos los templos-, si realmente amamos a Jesús y guardamos sus mandamientos, y ahora creo que ha llegado la hora de devolverle a ella la misma pregunta. Con todo respeto.

¿Desde cuando la iglesia católica comete tantos errores que hasta ahora salen a la luz? Desde que se convirtió en madre. Sí, creo que pasa lo que comúnmente pasa con muchas madres- no con todas-, con los años se hacen inflexibles con unos hijos y severas con otros, preferentes con los hijos que menos ayudan, marginan a los que son responsables, no aplican los criterios y permisos de los papás por igual, abusan de su autoridad sin dar razones, son necias ante las críticas, etc.

Yo no recuerdo a Jesús mandando a sus discípulos a hacer los deberes de madres con el mundo, creo que más bien quería enviar pastores, pescadores o algo así, creo. Él tenía a su madre y nosotros también ¿por qué haría falta otra madre? Considero que la iglesia que Jesús fundó se atribuyó más bien el papel o la jerarquía de madre sin el consentimiento del mismo Jesús ni de su pueblo. Por eso está recibiendo ahora las consecuencias que sufren muchas madres, por ejemplo, que sus hijos al crecer se dan cuenta de la verdad y de las arbitrariedades y los abusos que con intención o no, han cometido. ¿Cuáles? Como los hijos marginados que ya jóvenes, aman pero ya no obedecen a las órdenes arbitrarias, y que más bien toleran y no se creen todo. Y como los hijos preferidos y consentidos, que se llenaron de vicios por tantos permisos y que se volvieron irrespetuosos, desobligados e ingratos con sus propias madres.

Hoy de manera respetuosa, quisiera devolver ese cuestionamiento semanal que se nos hace a los feligreses en la misa, a nuestra querida pero no perfecta, madre iglesia católica:
¿Tú amas a Jesús?

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él. El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió”.
Juan 14, 23-24.

sábado, 1 de mayo de 2010

ÚLTIMA VOLUNTAD DE UN CONDENADO A MUERTE


Mi padre murió hace algunos años. Infinidad de veces enfermó de gravedad y tuve la gracia de acompañarlo casi en todas, en lo que parecía -en ese momento- su lecho de muerte. Además del insoportable dolor, el patrón que siempre se repetía era el mismo: siempre me pedía que cuidara a mi madre y a mis hermanos. Por alguna razón me confiaba a mí su más grande tesoro y su más grande preocupación: su propia familia. Nunca hablamos de herencias materiales, ni de otros asuntos que para él fueran más importantes que eso; siempre se preocupó por el destino de sus seres amados y de asegurarse de que alguien continuara lo suyo cuando él ya no estuviera más con nosotros. Cuando finalmente Dios lo llamó a su presencia, no tuvo oportunidad de recordarme mi misión por última vez pues llevaba días en estado inconsciente... pero ya no tuvo que hacerlo. No hay nada más hermoso para un padre, que ver como sus hijos se hacen cargo de sus hijos.
Es por eso que esta escena en la que Jesús se despide de sus discípulos para cumplir con su destino me conmueve y me resulta de lo más humana.
Jesús, consciente de que pronto había de llegar la hora de su muerte, nos deja un mandamiento nuevo: el amor. Parece que nadie antes de él, nos lo había mandado. Y no sólo nos manda a amarnos, sino a hacerlo como él nos ama, mejor aún. Preocupado por nosotros nos manda amarnos, para así poder partir a completar su misión.
Que nos amaramos fue y sigue siendo su principal objetivo, creo que se fue preocupado, pues sabiendo lo que le deparaba al hijo de Dios, se imaginaba como nos iría entre nosotros, sin él.
Es el amor el motivo por el cual tenemos vida: somos el resultado del amor de Dios, y lo prueba el que nos hizo a imagen y semejanza suya, y esa similitud es la firma o el ADN con el que Dios nos reconoce como sus hijos. Y es por eso que la única razón por la cual deberíamos vivir es amar; lo demuestra la enorme –casi infinita- capacidad de amar con la que Dios habilitó al ser humano, rasgo que también nos identifica con Dios y que a veces poco usamos. Pero para entender cómo amar y poder amar como él, necesitábamos que nos enseñara. A eso vino Jesús. Todas sus palabras, sus pasos, sus milagros, sus oraciones, sus gestos e incluso sus silencios, fueron muestras. Muestras de cómo sí es posible dar la vida por los demás.
Su táctica fue poner el ejemplo y demostrarnos como amar en su grado máximo: entregar la vida propia más que para salvar a todos los hombres, para enseñarles a ser felices.
Pero para que hoy en día los demás crean en el sacrificio de amor de Jesús a veces tan rebuscado, tienen que verlo en nosotros mismos. Ese amor que tú y yo reflejemos a los demás, les ha de demostrar en una pequeña medida el amor que Dios tiene por sus hijos, el amor que llevó a Jesús a morir a consecuencia de decirnos cómo hemos de proceder. De amar también a aquellos que nos odian, ofenden, oprimen o persiguen. Ésa es la señal por la cual los demás han de ver, creer y aceptar la salvación en Jesús: que nos amemos verdaderamente los unos a los otros.
Para aquellos que nos consideramos discípulos de Jesús, debemos seguir aprendiendo de Jesús todos los días: caminar con él, celebrar con él y vivir con él.
Judas decidió excluirse de aquel aprendizaje, de esa forma de vida. No era ya “estudiante” ni amigo de Jesús, por eso salió del cenáculo para poco después entregarlo a su muerte. Ojalá Judas se hubiera quedado un poco más con los discípulos en el cenáculo en esa noche, para poder así escuchar la última voluntad de Jesús. Quien sabe, a lo mejor la historia –por lo menos para él- habría sido distinta...
Del Evangelio de Juan 13, 31-33a. 34-35.