lunes, 26 de julio de 2010

¿PARA QUIÉN TRABAJO?


Muchas de las personas que decimos conocer a Jesús, lo hicimos después de tener un encuentro personal con Él, de hecho, este se ha convertido en un término para identificar a quienes dentro de una experiencia reflexiva de un fin de semana -quizá más días-, conocimos "la verdad". O al menos eso creímos.
Yo creo que un "retiro espiritual", "encuentro con Cristo", "campamento", "jornada" "encierro" o como se le quiera llamar a dicha experiencia, debe tener un sólo objetivo: Liberar.

Pero sólo podremos liberar a la gente, cuando en realidad la queramos ver libre.

Gritar "Jesús" y lanzar consignas con todas tus fuerzas durante horas, no libera.

Rezarle, cantarle y bailarle a Jesús todo el día, no libera.

Debatir acerca de Jesús en todo momento, no libera.

Oír temas de Jesús al cabo de dos o tres días, no libera.

Llevar toda la vida escribiendo documentos, libros y tratados acerca de Jesús, no libera. Hablar de Jesús por todo el mundo, tampoco libera.

¿Qué es entonces lo que realmente libera? Dos cosas: vivir como lo hacía Jesús, y tratar a los demás como lo hacía Jesús.

Yo definiría a dichos "retiros" como: "La comprensión de aquello que durante todos los domingos de tu vida no entendiste". Creo que eso es lo que deberían ser, y algunos sí lo logran. El compromiso entonces, de servir en estos retiros con Jesús como fin, es enorme, nos brinda una autoridad liberadora -o condenadora- desde el momento en que la gente asiste.

¿Por qué? Porque ellos reconocen que buscan algo y también confían en que nosotros se los podemos mostrar. Un tipo de fe ciega, digamos.

Y esa autoridad o capacidad, es un gran poder que bien puede ser una herramienta o convertirse en un arma. A Jesús nunca le gustaron las armas ni la violencia, a sí que, ver a la evangelización como una guerra, ya es un mal comienzo. Y en los retiros, así como en la vida, en las películas, los libros o las telenovelas, nos encantan los antagonistas. Los malos contra los buenos.

Si tú ya viviste una experiencia de estas, ¿quién te dijeron que era el malo? A mí en un principio me dijeron que era yo. Y que estaba en todo momento asesorado por alguien peor, sí... Satanás. Yo estaba confundido y vulnerable en aquel momento y en verdad necesitaba que alguien me liberara.

Pero ¿De qué hay que liberar a la gente dentro de los retiros? De sentirse castigados por Dios, de la discriminación y opresión de otros, de creer que son "poca cosa" o tan malos como para que Dios los ame y perdone por sus errores, de sentirse desafortunados y solos, de creer que para acercarse a Dios hay que ser puro, etc.

¿Y de qué hay que sensibilizarlos antes de salir de los retiros? Del gran amor que Dios les tiene, de que existen personas aún más necesitadas, que hay problemas más graves que los suyos, que hay que amar y ayudar a los demás, que debemos perdonar y no juzgar y que aquel que nos liberó: Jesús, nos invita a hacer lo mismo con otros. Ser conscientes y aceptar que al salir liberados, tenemos el privilegio y el compromiso de hacer el mejor uso de nuestra libertad, liberando a otros.

Cuando se tiene la intención de servir en uno de estos retiros, no se requiere de mucho, pues una labor de servicio arduo y desinteresado no suele ser muy codiciada en las comunidades, aunque no en todas.

Una vez dentro, ya dispuesto a servir en uno de estos encierros, a mí me hicieron creer que necesitaba un postgrado en pedagogía, otro en psicología, una licenciatura en teología, y casi casi saber exorcizar –exagero un poco-. Cuando lo único que de verdad necesitaba, era la intención de liberar... como lo hacía Jesús.

Pero en mi retiro y en muchos otros, la gente sale con más cadenas que con las que entró, lo peor es que lucen tan felices y muy dispuestos, pero con la consigna mental y sentimental de encadenar a los que vengan como en un par de días hicieron con ellos.

Miles de restricciones para comulgar o para que Jesús perdone nuestros pecados, cuando en el evangelio no se negaba a nadie y perdonaba tan fácil. Miles de cosas que dicen son malas para Jesús y lo hacen llorar, pero que no se pueden sostener o justificar con los evangelios. Por ejemplo: Harry Potter. Sí, un hechicero bueno y que ni siquiera existe, muchas autoridades religiosas prohíben leer sus libros o ver sus películas porque alegan que "la brujería es del diablo". Ahora resulta que hemos de creer solamente en las fantasías literarias de la Biblia, como Adán y Eva, el santo Job, etc.

Es verdad, Satanás está al acecho, pero él no es el principal enemigo a vencer en los retiros y en la vida diaria, sino yo. Yo, porque soy el responsable de imponer pesadas cargas, maltratar psicológicamente para que la gente se "convierta", juzgarlos e inventarles pecados, hacerlos sentir sucios e inmorales, crear restricciones o rituales para creerse salvados, etc. Por eso en ocasiones estas experiencias no rinden los frutos esperados, porque al salir tanto adultos, jóvenes e incluso niños, sí llegan a liberarse, pero de nosotros.

Satanás no es omnipotente, es por eso que optimiza sus esfuerzos y recursos de la manera más conveniente. ¿Sabes dónde trabaja mejor y sin tanto esfuerzo? En las "cosas de Dios". Sí, porque donde hay discípulos reunidos y se habla de Jesús, generalmente hay disputas de poder, envidias, soberbia, juicios, burocracia, tradiciones y costumbres inútiles, rangos, discriminación, necedad, ah y además traición.

Las comunidades, instituciones y grupos, son por ello un "caldo de cultivo" ideal para que el demonio crezca, se reproduzca y domine con facilidad, con un poco o mucho de nuestra ayuda.

Tal vez por eso el 90 % de las enseñanzas de Jesús en el evangelio, son dedicadas a nosotros los que andamos tras Él para seguirlo, porque somos los que más errores cometemos. Y lo peor es que lo hacemos en su nombre. El otro 10 % de las enseñanzas son para reconfortar a los pobres a quienes les hacemos creer que nosotros somos los buenos y ellos son los pecadores.

Tú, que tienes la intención de que los demás conozcan a Jesús por medio de estas experiencias... ¿Para quién trabajas?

viernes, 23 de julio de 2010

CUIDADO CON LO QUE PIDES

¿A quién no le gusta tener un trato preferencial? ¿A quién no le gusta ser dominante? Ser un gran líder, ser el primero, saberse mejor y que los demás lo reconozcan. El hombre tiende a buscar agruparse y también a sentirse identificado con dicha agrupación. Me puedo identificar con un equipo de fútbol, un partido político, un barrio, una religión, una comunidad, una preferencia sexual, una marca, un vicio, etc. Y a lo que pertenezca, yo quiero ser el más importante de todos.

Quiero creer que este impulso o necesidad de sentirme el mejor o ser destacado, es por causa de la selección natural, aunque el problema comienza cuando los demás también ejercen su derecho a ser "los machos dominantes de la manada" y entonces todos comenzamos a pelear para ver quien manda.

Jesús es más inteligente que nosotros y tiene una nueva regla para el que quiera ser el más importante entre aquellos que lo siguen, y es muy sencilla: el servir.

El plan de vida del hombre, generalmente no incluye o contempla el servicio desinteresado -y sin remuneración-, como una forma de liderazgo o de éxito en el mundo. Es por eso que nadie lo elige como estrategia mercado lógica o ideológica para dominar al mundo, porque no sirve para eso.

Jesús quería instaurar un nuevo orden, uno que no fuera determinado por la supremacía del más apto o por las leyes de la selva o la oferta y la demanda. Pero si esperaba que este fuera un nuevo orden mundial, debía comenzarlo él mismo y después, continuarlo sus seguidores. Por eso comienza poniendo el ejemplo sirviendo, no para tener autoridad moral para requerírselo o recriminárselo a sus discípulos, sino para demostrarles lo seguro que estaba de que el mundo realmente funcionaría mejor así. Algunos sin embargo, hasta para servir a Dios queremos gozar de un trato preferencial. Queremos, buscamos y logramos hacernos de un nombre, una posición, un sueldo y de una jerarquía, mientras decimos a los demás que seguimos valiente y fielmente a Jesús por todos lados.

Pero Dios no se deja impresionar por nuestro rango, influencias, predicas, contactos, dinero, renombre, fama o vestiduras, pues sabe mejor que nadie con qué fin "seguimos a su Hijo".

Allá en su Reino, el de los cielos, Él es el que manda, no hay influyentismo como aquí. Allá no hay "bienes raíces" que acaparar, allá no hay códigos sociales o de vestimentas que dividan clases; allá no se consigue un lugar preferente con dinero o palabrería; en fin.

A Dios nadie le dice como disponer, administrar o incluso regalar lo que es suyo... nadie.

Y es porque su misericordia no responde a nuestra lógica, pero no la entendemos, no por que él sea Dios, sino porque nosotros no somos capaces de amar como Él.

Por eso, no sirve de nada querer hacerse de un lugarcito a un lado de Dios a nuestro modo, con criterios egoístas e interesados, primero hay que servir, vivir sirviendo a los demás y que al final, Él decida si quiere compartir con nosotros lo que es suyo. Por algo es su Reino.

Yo, como creyente y seguidor de Jesús, no debo olvidar que aunque Dios es mi Padre, me ama y es misericordioso, debo tener cuidado con lo que deseo. No me conviene ser tan pretencioso frente a quien no se deja impresionar.

Por eso, en el servicio desinteresado, sin paga y sin honores, es donde realmente Jesús, Dios Padre y todos los demás, van a notar lo mucho que me interesa algún día tener un modesto lugarcito en algún rinconcito dentro del Reino de los Cielos.

Evangelio: Mateo 20,20-28
En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: "¿Qué deseas?" Ella contestó: "Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda." Pero Jesús replicó: "No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?" Contestaron: "Lo somos." Él les dijo: "Mi cáliz lo beberéis; pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre."
Los otros diez, que lo habían oído, se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús, reuniéndolos, les dijo: "Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos."


domingo, 18 de julio de 2010

DIOS: ARTISTA CAPRICHOSO

Soy fan de Dios. A mi parecer el mejor artista de todos los tiempos (literalmente), el más grande, el más original, bueno EL ORIGINAL. Me encanta su obra, toda, y he empezado a disfrutarla y comprenderlo a Él, aunque sea un poco más, a través de ella. Así me lo enseñaron en la universidad en mi clase de historia del arte. Podemos conocer a un artista por datos como su fecha y lugar de nacimiento, la época en que se desarrolló su obra, sus musas, sus gustos, su vida, su muerte, etc., pero donde verdaderamente se esconden los maravillosos secretos de un artista es en sus obras. Es en ellas en donde dejan prácticamente su huella, su marca personal e íntima, llena de particularidades que las hacen obras únicas, y que algunas denominamos como “obras maestras”.

Y digo que Dios es una artista en todo el sentido de la palabra porque para muchos, Dios es un loco, comparable con un Van Gogh o un Beethoven, considerados como los más grandes genios del arte de las brochas y de las notas musicales respectivamente.

En efecto, Dios es un artista caprichoso porque no se debe a nadie, es libre de imaginar y crear a su gusto, ¿porqué? Porque puede. Todo artista que se precie de serlo, no permite que nadie se interponga entre él y su obra.

Algunos han sucumbido, se han vendido y han escrito sinfonías o pintado retratos por necesidad, por ambición, por encargo o vanagloria. Incluso Van Gogh y Beethoven.

Sin embargo, Dios también es, y ha sido incomprendido por muchos desde que el hombre fue creado... por Él. Y es el hombre precisamente, su obra maestra más sublime, quien desprecia y ofende a su creador. Ignorante e insensible, reniega muchas veces del por qué ha sido creado. Cataloga a su gusto las demás obras del artista, del maestro; les asigna un “valor” de acuerdo a su criterio: el criterio de un “crítico” de arte. Sí, es la obra contra el creador. Es de todos sabido que un crítico de arte suele ser implacable en sus juicios. Se toma la libertad de etiquetar las otras obras de Dios, por ejemplo: la naturaleza.

Es el hombre quien determina cómo y cuando disponer de dicha obra; es más valioso un cocodrilo o una foca bebé muerto y “transformado” en bolsos o zapatos, que vivo, formando parte de una sinfonía viviente y en armonía con otras obras. Es también quien decide que el oro, por ejemplo, es más valioso que la plata, pero no más valioso que un diamante y por supuesto, también más valioso que la vida humana que costó obtener dicho diamante. Más aún, un compuesto químico vale más que un diamante porque dicho químico es capaz de acabar con miles de seres humanos. O un mapa genético vale más todavía porque con él podrán igualar al creador, al artista. Es cuestión de celos “artísticos”, porque el hombre nunca será capaz de crear algo desde cero como Dios. Es por eso que destruye la obra del maestro y crea con sus despojos obras grotescas e inútiles. Sólo Dios es verdaderamente capaz de crear, lo demás es trasformar, “redecorar” o descomponer.

Esa competencia y esa rivalidad han engendrado un rencor hacia Dios y hacia su obra más querida: seres humanos también creados a su semejanza pero con ese toque caprichoso, esos, catalogados por muchos como “defectuosos”. ¿Quiénes somos para decidir quien de nosotros está “bien hecho” y quien está “mal hecho?” Sólo porque algunos o muchos contamos con características similares no quiere decir que seamos nosotros los bien hechos. Tal vez los “normales” como nos auto denominamos, somos solo los bosquejos, o los “bocetos” de los “defectuosos”. Si alguien carece de una mano, un brazo, un pie o un sentido como la vista o el oído, o del control de su cuerpo o de su cerebro, o de su sexualidad, ¿eso los hace “errores” del artista? ¿Eso los convierte en obras sin sentido, sin gracia, sin gloria? ¿Sin posibilidades? ¿Sólo porque un crítico estéril y celoso así lo decidió?

Déjame decirte que las más grandes obras de Van Gogh y Beethoven también fueron grandemente criticadas y hoy en día disfrutamos de “La noche estrellada” de Van Gogh y de la “5ta sinfonía” de Beethoven o su famoso “Himno a la alegría”.

Nada molesta más al artista que ver su obra humillada y despreciada, recordemos que Dios es un artista orgulloso de todas y cada una de sus obras, DE TODAS!

Siento pena por aquellos que, como en una subasta, no pagan nada, abusan y no dan nada a cambio de esos seres especiales que Dios creó en uno de sus momentos de mayor inspiración. Como aquellos invidentes, que cuentan con un talento musical increíble. O como el famoso científico Stephen Hawking quien, sin hablar y sin poderse mover de su silla de ruedas ha logrado desentrañar muchos de los misterios del universo. Están también quienes a pesar del hambre y de la opresión son capaces de dar su vida con tal de proteger a otras creaciones de Dios. Estos críticos dejan de admirar y disfrutar obras realmente sublimes.

Pero atentos, porque con Dios el artista nunca se sabe, está constantemente mejorando sus obras, retocándolas, tal vez nosotros los normales seamos los próximos, no sea que a Dios le resultemos grotescos o demasiado“comunes”.

Afortunadamente y a pesar de lo anterior, hay quienes han decidido colaborar y ser aprendices del maestro, formar parte de la gran obra de Dios quienes, en vez de destruirla se han decidido a contribuir en la defensa y conservación de la naturaleza y de los “defectuosos”, de los desprotegidos. Han llenado de color y de trazos incipientes la obra maestra de Dios siguiendo su “estilo” y su “técnica” lo más apegados posible.

Ellos son quienes realmente heredarán toda la colección de arte que Dios que, a lo largo de su extensa y prolífica carrera, ha ido acumulando; podrán algún día disfrutar de todas estas maravillas de su creación como en un gran museo interactivo, una muestra permanente de arte, en compañía del mejor artista, de su creador, de nuestro Padre Dios!

miércoles, 14 de julio de 2010

PARA TODO HAY TIEMPO


Para todo hay tiempo ¡Qué gran mentira!, A mi juicio, si el día tuviera 36 horas, de igual manera no me alcanzaría para hacerlo todo. Sin embargo, lo mejor será que en estas 24 horas que no puedo modificar, haga lo indicado. Un gran defecto o vicio que tenemos la mayoría de nosotros, es que somos extremistas a la hora de administrar nuestro tiempo, es decir, no sabemos equilibrar nuestras actividades para que podamos cumplir con un poco de todo, pues en realidad, no podemos hacerlo todo. Ni se podrá nunca.


La clave está en ordenar nuestras prioridades y saberle dar un momento a cada una de ellas por orden de urgencia e importancia.

¿Cuántas personas conoces que dedican todo su día al trabajo y nada a sus hijos o pareja?

¿Cuántas personas conoces que dedican todo su tiempo al quehacer de la casa, que no termina nunca?

¿Cuántas personas conoces que dedican su vida entera al encierro, la contemplación y a la oración?

¿Cuántas personas conoces que pasan todo su tiempo divirtiéndose o descansando sin ninguna ocupación?

Todo exceso es malo, y creo que en nuestro caso, los cristianos estamos llamados a hacer de todo un poco pero con un criterio distinto para las prioridades, un criterio más humano.

En una ocasión estaba viendo en la televisión un programa de animales, en el que explicaban que se dividen en dos grandes grupos según sus hábitos: los especializados y los oportunistas. Los especializados son aquellos animales cuyos hábitos de alimentación y reproducción son específicos e inflexibles. Como el panda, que sólo se alimenta de bambú, vive solo y los días para reproducirse son sólo unos cuantos al año. Los oportunistas en cambio, son flexibles y nada específicos a la hora de alimentarse, y se pueden reproducir con mayor facilidad. Como los mapaches.

¿Qué tienen en común todos aquellos que son animales especializados? Tienden a extinguirse. Las circunstancias no les serán favorables toda la vida y cuando no lo sean, se quedarán sin alimento y sin permanencia. En cambio, los que comen lo que sea y superan las dificultades al cambiar las circunstancias, sobreviven. No sé si son mejores que los especializados, pero sí, son más eficientes y por ello sobreviven. Y en la vida diaria, somos especializados en lo que nos da de comer o en lo que nos gusta, pero no en lo demás. Descuidamos nuestra convivencia, nuestra comunicación, a nuestros seres queridos y a los que nos necesitan. Podremos decir que es necesario hacer tal o cual cosa, pero más necesario es no descuidar todo lo demás. Como a Jesús. Y no porque Jesús llore lágrimas de sangre o algo así por nuestra indiferencia, sino porque es nuestro maestro, desaprovechamos al que nos va a enseñar a de verdad vivir mejor.

Por eso, Jesús con su vida nos invita a hacer de todo un poco. Lo demostró con su diario itinerario de vida. Por la mañana oraba, en el día caminaba, predicaba, sanaba, comía, hacía milagros, iba a una que otra fiesta, se divertía, y por la noche antes de dormir, se retiraba y oraba.

El tiempo que ha de dedicarse a Dios debe tener en nuestro día un lugar especial, quizá no podrá sustituirse por el tiempo laboral, por ejemplo, pero sí uno que propicie el aprendizaje de lo que realmente importa: lo que Jesús nos enseña. Nadie dice que la limpieza o el trabajo o la oración no sean importantes, es que tienen un lugar pero no deben ocuparlo por completo en nuestro día, y menos cuando Jesús nos habla. El rápido ritmo de “vida” que a veces llevamos, nos impide darnos cuenta de lo afortunados que somos, de lo desafortunados que son otros y de lo mucho que tenemos por aprender.

Tomemos un tiempo diario para escuchar al maestro, pues nos habla de muchas formas, yo te recomiendo que leas pequeños extractos de los evangelios, como el de este domingo (Lucas 10, 38-42), para que en la tranquilidad del lugar que prefieras o dispongas, medites lo que Jesús te enseña este día, para que mañana lo practiques.

jueves, 8 de julio de 2010

AMAR, NO TRATAR

Un día me encontraba en mi auto fuera de un lujoso café. Noté que un adolescente se acercaba tímidamente a los comensales que se encontraban dentro del mismo. Poniendo un poco más de atención me di cuenta que trataba de vender unos bolsos para mujer hechos a mano, no eran feos. Eran de un material rústico y de colores bastante vistosos. Y digo “trataba” de vender porque desgraciadamente no había tenido suerte en vender ninguna. Al contrario, la gente parecía molesta porque aquel chico interrumpía sus románticos momentos “tratando” de lograr una venta. En algunos incluso se notaba una mirada de desprecio hacia él.


Al salir del lugar se sentó en el arroyo de la banqueta y se puso a llorar. Tenía más o menos unos 12 o 13 años y la verdad, me pareció raro ver a un muchacho llorar así, sentí en ese momento un impulso por ir con él y hablarle, pero me contuve, era ya noche pues pasaban de las 23 hrs. Me dije: -¿qué pensarán los demás si me ven acercarme a este chico de noche?”-. Para nadie es un secreto que abunda la inseguridad, los secuestros y los abusos o favores sexuales a menores perpetrados por un adulto... como yo, como cualquiera, como tantos. De pronto, el muchacho cruzó la avenida hacia el supermercado que se encuentra frente a este café. Con mucho miedo y falta de experiencia en las ventas, se acercó aún llorando, a suplicarle a una señora que entraba al supermercado muy apurada. Tan apurada que, al momento en que el muchacho se acercó a “tratar” de vender, la señora, ya molesta, se detuvo a escucharlo. Yo, me acerqué para ver más de cerca, pero no por morbo, sino por esperanza, la esperanza de que alguien más ayudara a este chico. Mi sorpresa fue grande, pues la señora al verlo suplicarle, llorando, que le comprara una bolsa le dijo: -No llores, ¿qué no eres hombrecito?, No tengo dinero para comprarte tu bolsa pero llorando no vas a solucionar nada; sé hombre y sigue intentándolo que alguien te va a comprar-. Pero era evidente que la señora tenía dinero.

Al escucharla, me di cuenta que esta mujer inhumana tuvo razón sólo en una cosa, al decirle -alguien te va a comprar- y fue ahí donde entendí que tenía que ser yo quien le comprara un bolso. Entonces bajé del auto y me acerqué a él mientras seguía llorando por las insensibles palabras de aquella señora. Hablé con él, le pregunté su nombre –que por cierto olvidé- y traté de consolarlo. Me dijo que estaba estudiando la secundaria, su madre había enviudado hace poco quedándose al cargo de otros dos hijos gemelos y más pequeños. Su madre hacía esos bolsos para ayudarse con los gastos de la casa y para los estudios de su hijo mayor.

Es por eso que tenía que “tratar” de vender sus bolsos a altas horas de la noche lejos de su hogar, porque estudiaba por las tardes. Y no había vendido ninguna, así que quise darle el valor del bolso sin llevármelo pero no aceptó, así que tuve que tomar el bolso y me ofrecí además llevarlo a su casa. Aquel día yo ya no pude comprar lo que necesitaba porque me quedé sin dinero, pero no me importó. La vida no quedó resuelta para ese chico, pero al menos esa noche vendió un bolso, llegó en coche a su casa y quizá durmió más tranquilo.

Recordé lo anterior, gracias la famosa parábola del “buen samaritano” (Lucas 10, 25-37) que escucharemos este domingo en el evangelio. Habla Jesús de no ser simples espectadores de los problemas o desgracias de los demás, sea cual sea nuestra condición. Curiosamente, en esta parábola los hombres que pasan de largo sin ayudar al desgraciado que acaban de asaltar, son aquellos que por su jerarquía religiosa o política deberían estar más cerca de los miserables. Sin embargo, el que se detuvo fue una persona repudiada y despreciada por otros incluso por los de su mismo pueblo, por su misma gente. Me parece extraordinario que fuera él quien se detiene a, no sólo dar los primeros auxilios sino que, además lo lleva a un lugar seguro, se encarga de todos sus gastos y, además se ofrece a pagar más si es necesario, a su regreso. Es decir, gasta su propio dinero en alguien que ni siquiera supo que le pasó. Y lo hizo sin esperar retribuciones, honores, es más, ni siquiera esperaba las gracias pues quedó inconsciente, pero eso sí... prometió regresar.

¿Cuántos de nosotros pasamos de largo al ver a uno o muchos de éstos necesitados? ¿Cuántos somos sólo espectadores del triste espectáculo de la miseria humana, que no actuamos por simple comodidad, egoísmo o corrupción?

Otros, como esta señora, además de verlo desgraciado, lo regaña y le da sermones, como si uno “comiera” de sermones o como si se pudiera pagar la luz o el gas con la palabrería de un fariseo. Jesús nos pide ir más allá, más allá de lo que creemos es justo.

Nos llama a ser MISERICORDIOSOS, y desde mi punto de vista, aquel cristiano -o no cristiano- que no es capaz de gastar su dinero en uno de sus hermanos necesitados, NO AMA A DIOS.

Hay muchos que “recaudan” dinero o recursos para ayudar a los pobres, pero nunca sale un centavo de sus bolsillos, eso es hipocresía y falta de fe. Así de simple.

Al samaritano la misericordia le costó TIEMPO –porque se detuvo-, ESFUERZO–porque lo vendó y curó- y DINERO –porque pagó su atención médica y su posada-.

La caridad y la misericordia a la que estamos llamados por Jesús, debe implicar nuestro tiempo, nuestro dinero y nuestro esfuerzo, no sólo uno de ellos o el de los demás. Para Dios, es misericordioso sólo aquel que se detiene, cura y gasta de su propio dinero en el necesitado, no importando si es justo, no importando quien sea el desafortunado y no importando el pasar desapercibido.

¿Cuándo dejaremos entonces de “tratar” y empezaremos a AMAR?